El híbrido margarita-rosado que tu verano necesita

En cuanto arranca junio, mi menú de bebidas pasa por dos cambios fundamentales. El primero es que empiezo a preparar jarras de cóctel margarita. Mi versión tiene únicamente tres ingredientes: tequila, jugo de limón verde y jarabe de agave. Queda rico, pegador y nada empalagoso.

El segundo es que descorcho botellas de rosado seco. Y eso me puso a pensar: ¿por qué no hay un cóctel que combine lo mejor del margarita —la intensidad del tequila blanco, mucho sabor cítrico y un poco de dulzura—con la pura delicia estival de una copa de vino rosado? Y he venido a decirles que ya existe: les presento al "Mosé", el híbrido de margarita-rosado que siempre quise en mi vida.

Siempre busco utilizar ingredientes de temporada en mis cócteles caseros, como ruibarbo, arúgula o romero, y ahora que ya estamos en pleno verano, no aprovechar las fresas recién cosechadas sería un error garrafal. Por eso, en el Mosé, en lugar del jarabe de agave que lleva mi cóctel margarita clásico, uso un par de fresas frescas rebanadas, rocío un poco de azúcar granulada por encima y las machaco hasta que se disuelven y queda una pulpa dulce y con mucha textura.

Luego agrego a la coctelera un tequila blanco de buena calidad: me encantan los de Casa Dragones, Astral y Casa Noble. Sigue un poco de jugo de limón amarillo o Meyer (el limón verde contrastaba mucho con la delicada dulzura de las fresas y opacaba su sabor) y finalmente un poco de vino rosado.

Nota sobre el rosado: busca un vino seco provenzal, que no sea demasiado dulce y afrutado. (Si necesitas más información, aquí tenemos una guía sobre el tema.)

Mezcla todo, agítalo con un cubo grande de hielo (de unos cinco centímetros de lado o más) y sirve sin colar en un vaso old fashioned. ¿Por qué sin colar? Porque si no desperdiciarías los deliciosos trocitos de pulpa de fresa. El gran cubo de hielo fresco es fundamental, casi es un ingrediente por sí mismo e irá diluyendo muy gradualmente la potencia del tequila a medida que bebes la primera mitad del cóctel.

La verdad, no sé porqué el cóctel margarita y el vino rosado tardaron tanto en unirse amorosamente. Sólo me alegra que por fin haya sucedido.